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¿Qué cabe exigir a los poderes públicos para poner coto a la fiebre urbanística en el litoral? 6 de julio de 2006 (7:06 pm)

Publicado por JGIbañez en : ESPAÑA - Diario EL PAIS,Opiniones , trackback

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¿Playa del Trece? ¿Camariñas?

Valentía y coraje, para combatir esa codicia generalizada en que se convierte lo que un día fueron honestas aspiraciones de progreso económico en algunas zonas geográficas. Y los más sorprendente es que no sean los propios vecinos de esos desastres inmobiliarios quienes protesten: ellos serán los máximos perjudicados por el hacinamiento que les espera.

(Pregunta suscitada por el editorial Costas de cemento, publicado en el PAÍS de hoy.)

Comentarios»

1. Manolo - 7 de julio de 2006 (4:59 pm)

Y los más sorprendente es que no sean los propios vecinos de esos desastres inmobiliarios quienes protesten: ellos serán los máximos perjudicados por el hacinamiento que les espera.

Me parece un poco cándido pensar que los vecinos protesten: evidentemente, en un análisis a corto plazo pensarán que la afluencia de turistas será bueno para la zona (sea esto cierto o no a largo plazo). Y si se vive en un pueblo de 300 habitantes, aburrido a más no poder, los lugareños lo verán como un claro aliciente.

Otra cosa es que los habitantes de grandes urbes piensen que un pueblecito de 300 habitantes es un paraiso idílico en el que vivir, y que el hacinamiento le perjudicará.

2. Manolo - 7 de julio de 2006 (9:30 pm)

No he dicho que esté bien una cosa o la otra, lo que digo es que no tiene nada de sorprendente que no se quejen porque ven dinero: los turistan traen dinero, las construcciones, trabajo. Muchos pueblos perdidos de España, hoy ababdonados, hubieran preferido en su momento ser \\\”invadidos\\\”.

No hago un juicio sobre lo bien o mal que está el resultado, me limito a reseñar que para alguien que vive en un pueblo que se muere, el venirle con turismo es un aliciente del que no es facil que se quejen.

Para un urbanita como seguramente tú eres, es logico que veas esos pueblos como pequeños paraisos, pero para alguien que tiene que vivir en ellos, son un infierto de pobleza y desolacion, por preciosos que sean sus paisajes.

No concibamos a las personas que viven en ellos como guardeses de tu pueblo paradisíaco idealizado: ellos tambien tienen derecho a desear infraestructuras, a trabajo, a que sus hijos no huyan a las ciudades…

No tiene nada de raro que no se quejen, que es a lo que voy y de lo que hablo, en todo caso, se podran quejar de \”como\”, pero no de que se haga.

3. JGIbañez - 7 de julio de 2006 (8:52 pm)
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No creo que para combatir el aburrimiento de poblaciones de 300 habitantes, y que exista diversión absoluta, haya que generar por obligación grandes aglomeraciones urbanas en todos y cada uno de los términos municipales de la costa, formando un perímetro cerrado de edificios a todo lo largo. Y me sigue sorprendiendo que quienes viven allí, nativos o turistas, no se den cuenta de cómo poco a poco pierden calidad de vida -eso sí, con mucha marcha y jolgorio- y cómo es que no ven transformado lo que fue su entorno más o menos natural en lo más parecido al barrio dormitorio de cualquier cinturón industrial de una gran ciudad.

En efecto, hay zonas geográficas que son un paraíso y en las que una mínima actitud de decencia para con la naturaleza bastaría para protegerlas. Pero cuando se despierta la codicia colectiva, hasta que no sucede lo que ha sucedido en Marbella nadie se da cuenta ni hace nada, ni poderes públicos ni particulares.

4. JGIbañez - 9 de julio de 2006 (11:04 am)

Me empeño mucho en no hacer juicios personales de valor en estos comentarios, y tampoco he dicho que a ti te parezca bien una cosa o la otra. Yo admito que puede parecer cándido sorprenderse de la poca reacción de quienes viven cerca de donde se están produciendo aberraciones urbanísticas, pero lo cierto es que desde hace décadas tenemos fama en el mundo por estar degradando nuestras costas, con la cantidad de km que tenemos de ellas, y eso ahuyenta al cliente que convierte la industria turística en sostenible: ese que se caracteriza precisamente por valorar y respetar la naturaleza.

Que sí, que el otro turismo masivo sigue y seguirá llegando y creciendo, pero ya sabemos qué clase de turismo es: por ejemplo el que gusta de emborracharse por las calles, haciendo en las calles lo que no le está permitido hacer en sus países, y me ahorro las descripciones. Es decir, por el camino que vamos seremos la cloaca turística del planeta -si es que no lo somos ya-, muy próspera sí, pero muy cloaca también.

¿Qué eso trae negocio? Por supuesto que lo trae, y además seguirá aumentando en los próximos años (¿qué duda cabe? los constructores saben hacer estudios de mercado) pero un poco de control frente a tantos desmanes me parece que ya es obligatorio.


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