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Ingrid Betancourt detalla a su madre el dramatismo del cautiverio 2 de diciembre de 2007 (11:26 am)

Publicado por Leiter en : ESPAÑA - Otros medios , trackback

[Noticia de DIARIO SUR]

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Si la privación de libertad es una de las tragedias más angustiosas que puede padecer un ser humano, sentirse cautiva, de forma inocente y sin cometer ningún delito, es una tortura cruel que no sé como esta mujer puede soportar. La lectura de la carta pone los pelos de punta incluso al más despistado. Menudo coraje interior ha de tener Ingrid para sobrellevar estos cinco años de incalificable cautiverio.

Tras el fracaso de Chávez, más preocupado por su “ego” que por otra cosa, en las conversaciones mantenidas con las FARC, esperemos que Sarkozy, que ha declarado su intención de implicarse personalmente en este conflicto, pueda lograr la liberación de Ingrid Betancourt y la de tantos otros que sufren la peor de las torturas posibles. Mi total solidaridad con ellos.

Comentarios»

1. JGIbañez - 2 de diciembre de 2007 (2:31 pm)

No puede existir motivo político alguno, ideal colectivo ninguno -por elevado e histórico que le pueda parecer a un conjunto de personas- que justifique una tortura de ese tipo. Quienes practican el secuestro como maniobra política tienen que estar esencialmente equivocados, no puede ser de otra manera, o de lo contrario toda la Filosofía que el ser humano ha sido capaz de elaborar a lo largo de su trayectoria racional, y que de tanto ha servido para que las civilizaciones avancen, no habrá servido para nada.

Ya se sabe que la Historia del Hombre siempre ha progresado con dolor y con muerte. Todos somos imperfectos y no existen verdades absolutas. Pero estar de ese lado del pensamiento en el que la tortura deliberada se considera un gravísimo atentado, intolerable, desde cualquier punto de vista, contra la dignidad humana, es una cierta garantía de que hay seres y grupos más equivocados (por mucho que pretendan estar en la vanguardia social) aún que nosotros y con menos verdades en su haber: los que maquiavélicamente admiten que este tipo de horrores no hay más remedio que aceptarlos porque son útiles.

Hay que situarse diametralmente enfrente de quienes piensen así. Es una obligación moral que no admite sutilezas.


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