Hoja de ruta del PSOE a la moderación 8 de diciembre de 2007 (11:26 am)
Publicado por JGIbañez en : ESPAÑA - Diario EL PAIS , trackback[Noticia de EL PAÍS]
[Foros de EL PAÍS]

Éste es el camino. Quienes piensan que el Gobierno se alcanza recurriendo a la demagogia populista, y al radicalismo, se equivocan. Los extremistas de izquierda, sobre todo los más jóvenes, lo que practican y fomentan es la abstención (confiando en supuestas e idelizadas revoluciones futuras -como si no hubiera habido suficientes en el milenio pasado-, o esperando a que llegue un Chávez o un Morales a la española), de modo que les importa muy poco que el poder lo detenten personajes, con tan pocos escrúpulos democráticos y tan poco respeto a la discrepancia, como los actuales dirigentes del PP; y que éstos dominen indefinidamente las instituciones, hipnotizando a la población con su propaganda y sus manipulaciones en los medios, como sucede en Madrid o en Valencia…

Comentarios»
…Los votantes, al margen de la mentalidad conservadora o progresista que tenga cada uno, lo que quieren, por ejemplo, es que no exista tanta impunidad como actualmente existe al respecto de los delincuentes, o que no se deteriore la sanidad pública a consecuencia del aumento de los usuarios, sin que se intente mantener al menos el mismo nivel en el servicio que se prestaba -y no es que antes fuera óptimo-, de manera directamente proporcional al aumento. Corregir ambos aspectos de nuestra sociedad, que sólo son un ejemplo, no puede depender de que a un Gobierno se le presente más o menos sensibilizado con ellos, en función de tópicos bastante desgastados a estas alturas de la Historia.
¿Se puede ser progresista bajo una ideología plenamente centrista? Bien pudiera ser. El caso de Pepe Bono sería un ejemplo, aunque pienso que más con carácter de exepcionalidad que confirma la regla, que de regla intrínseca. Coincido plenamente contigo en lo alusivo a los tópicos sobre la discusión ideológica entre izquierda-derecha. Sin ir más lejos, la política del actual ejecutivo pude ser considerada de “izquierdas” en lo relativo a sus avances en legislación social, aunque en materia económica, este gobierno utiliza una vía propia del liberalismo, con pocas diferencias de la que utilizaría el PP si llegara a gobernar. La auténtica definición reside en cómo distribuir los presupuestos. Ahí si se produce una brecha entre los planteamientos del PP y del PSOE, y consecuentemente, es donde queda fijada la verdadera línea de demarcación ideológica. Aspectos como la política antiterrorista o la autonómica son meros argumentos de interpretación claramente electoralista.
Yo pienso que hace bien el PSOE en tratar de extender su esfera política hacia el centro, pero, eso sí, sin descuidar los planteamientos puramente de “izquierdas”, como son a los que me he referido en el párrafo anterior. Ciertamente existe mucha juventud que se siente identificada con valores históricos de la izquierda, a veces un tanto anacrónicos dentro de las coordenadas actuales por donde se instala el devenir de nuestra nación. Pero esa misma juventud, a menudo radicalizada e influenciada por extremismos estériles que sólo buscan protagonismo, es la misma que se movilizó durante el NO A LA GUERRA y que ayudó, en mucha mayor medida de lo que se piensa, al triunfo electoral de Rodríguez Zapatero en 2004. Y el primer mensaje que recibió Zapatero fue: No nos defraudes.
Yo creo que se trata de una coyuntura sociológica marcada por la edad. Los juveniles arrebatos revolucionarios se transforman, con el paso de los años, en orientaciones ideológicas definidas por la Socialdemocracia, o bien, en los mismos extremismos diametralmente opuestos, como se puede contrastar hoy en día, donde mucha de la carga radical del PP (ultraderechista en algún modo) procede de antiguos sectores identificados con el comunismo, léase Jiménez Losantos o Pío Moha, entre otros. ¿Insólito? Sí, pero tan cierto como la vida misma.
LEITER
Javier Menéndez
El PSOE pierde el apoyo de una cuarta parte de sus votantes de marzo de 2004
[Noticia de ABC]
Ésta es la interpretación que el ABC hace de las estadísticas. Narrada a su manera, y buscando el efecto que a ese periódico le interesa provocar en sus lectores, a causa del impacto que suscita la redacción del titular de una noticia.
Tendencioso. De acuerdo.
Pero lo cierto es que, por ejemplo (y sigo con los ejemplos), cada vez que a la Vicepresidenta De la Vega o al Ministro Caldera se les ha visto anunciar alguna de las medidas sociales de este Gobierno: Ley de Igualdad, regulación masiva de inmigrantes, Ley de Dependencia, etc. lo han hecho con una expresión corporal de auto-complacencia política (¡qué “buenos” somos, cómo nos preocupamos por los ciudadanos menos favorecidos, y “cuánto” nos lo va a agradecer el electorado!!) que rayaba casi en la candidez y en la ingenuidad.
Nadie discute que se han tratado de medidas muy necesarias. Pero pensar que su aprobación, por muy de justicia que fuera, iban a provocar la aclamación general es vivir en “los mundos de Yupi”.
En efecto, no es tener los pies en la tierra pensar así mientras la mitad de la población puede sufrir los efectos colaterales de una discriminación positiva de la mujer en cuanto a divorcios o a malos tratos -y eso que no hay más remedio que apoyar esa discriminación-; o mientras que los servicios sanitarios públicos se colapsan (la gente no percibe con nitidez que las transferencias autonómicas incluyen la sanidad -de lo contrario Aguirre no habría obtenido otra vez mayoría absoluta-, sino que la culpa de los grandes problemas colectivos se le sigue echando al Gobierno de la Nación); o mientras que las personas supuestamente independientes -no digamos ya las dependientes- lo siguen teniendo tan difícil para acceder a una vivienda digna.
¿Es necesario luchar contra el chabolismo? por supuesto y tratar, en la medida de lo posible, de que aquellas familias que se fabrican un cobertizo con tablones, sobre todo las que tienen hijos menores, puedan llegar a morar en sitios que cumplan unas mínimas condiciones de habitabilidad. Pero no nos engañemos, aún consiguiéndolo, eso no generaría votos directos, al menos de manera inmediata, porque lo que no se le puede lanzar el mensaje a la clase media baja es que, para obtener un piso, primero debe vivir obligatoriamente en una chabola.
La triste realidad es que aquellos que se ven un poco, un poco nada más, favorecidos por las medidas sociales de este Gobierno -por otro Ejecutivo, de manera directa y en términos absolutos, no se verían NADA favorecidos- lo cierto es que no lo “agradecen” ni siquiera con algo tan simple como sería acercándose a votar. Y no lo “agradecen” posiblemente porque las migajas de lo que les llega en esta sociedad de la opulencia son, en el fondo, tan escasas que no hay más remedio que aceptar que las reciban con escepticismo.
Por tanto, ese tipo de medidas tan necesarias y tan poco lucidas se han de poner en marcha a lo largo de toda la legislatura, casi de manera clandestina y sólo porque los gobernantes sientan la obligación moral de adoptarlas, NO a última hora y como un recurso electoralista (como por desgracia tantos y tantos políticos del PSOE todavía se empeñan en seguir presentándolas, de manera bastante torpe, según mi opinión).
Los votos se cosechan entre la clase media y la clase media baja, esas son las que constituyen la mayoría de los votantes. Y es a ellas a quien hay que dirigirse si se quiere gobernar. Dirigirse a esa franja mayoritaria de la población, que es la que mantiene el sistema, económico y político, no sólo durante los periodos legislativos sino también durante las campañas electorales. Olvidarse de ese factor puede ser fatal.
Y, por favor, que yo no propugno en absoluto votar a UPyD (ese engendro de Rosa Díez y Savater -con todos mis respetos para éste último-). Nada que ver. Sólo pido un poco más de astucia política. Un poco de instinto “asesino”, goleador, por decirlo en términos futbolísticos.