La abstención persiste en la izquierda 17 de febrero de 2008 (11:54 am)
Publicado por JGIbañez en : ESPAÑA - Diario EL PAIS , trackback[Noticia de EL PAÍS]
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La izquierda es más inconformista, más idealista y más anárquica. Todos los que se consideran de izquierdas levantan unánimes el grito en cuanto perciben cualquier atisbo de injusticia social. Todos dan por descontado que tienen detrás, respaldándoles, a esa mayoría tan aplastante como abstracta que dan en llamar “pueblo”. Todos, en la izquierda, sienten la seguridad de interpretar a la perfección lo que ese “pueblo” demanda y no dudan de la fuerza que el mismo “pueblo” podría tener para conseguirlo…
…si estuviera convenientemente “conducido y liderado”.
Pero, a la hora de la verdad, la sintonía real de la izquierda hoy con ese “pueblo” es bastante relativa, sobre todo cuando en la sociedad hace tiempo que se formó una gran clase media que ya no responde con reflejos condicionados (salivando, como el perro de Paulov) a las consignas demagógicas y populistas.
Es éste un sector de la población, mayoritario, que puede llegar a mostrar altos grados de solidaridad, pero que tiene sus propios problemas específicos, y no son pocos. Despreciar a la clase media y a sus problemas, como en ocasiones se la desprecia desde determinados ámbitos de la izquierda (acusándola de aburguesamiento, de conformismo, de desidia) es un tremendo error. Y se paga en las urnas.
El resabio y el desencanto por tantas utopías prometidas en el pasado, e incumplidas, termina por pasar factura en forma de una abstención generalizada, y muy localizada de forma especial en ese espacio que la izquierda ha considerado siempre su territorio natural: las clases populares.
No es que la derecha sepa interpretar mejor la voluntad de la mayoría, ni mucho menos que sepa ni quiera atender mejor sus necesidades. Se podría decir que, más bien, por lo general es todo lo contrario. Y si alguna vez lo consigue es como consecuencia indirecta (las migajas) de la prosperidad conseguida en primerísimo lugar para beneficiar a los ya de por sí privilegiados. Pero saben disimular infinitamente mejor sus verdaderas intenciones. Y dominan como nadie las relaciones públicas, así como manejar los ritmos a la hora de inducir escándalos y polémicas.
Desde la estrategia de la derecha se conoce a la perfección cómo poner el cebo para que la izquierda brinque desencajada, con sus tópicos, con sus lugares comunes, y con sus, en definitiva, ridiculeces, para conseguir dejarla (no sólo de cara a la clase media, sino ante todo el mundo) precisamente así: en ridículo.
Teniendo el Gobierno en sus manos, una bonanza macro-económica de 4 años indiscutible (cuya real finalización está aún por confirmar o, en cualquier caso, no se puede decir que la situación ahora mismo sea de desastre) y habiéndose aprobado numerosas leyes de una utilidad social fuera de toda duda, no es fácil encontrar otro tipo de explicación al “empate técnico”.

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