“Seamos sinceros ¿para qué necesitamos ADSL a no sé cuántos gigas?” 10 de abril de 2008 (5:24 pm)
Publicado por JGIbañez en : Opiniones , añadir comentario(Aunque ahora el titular de la noticia es otro, cuando el autor leyó la página en cuestión literalmente era idéntico al de la cabecera de esta entrada)
[Noticia de EL PAÍS]
[Foros de EL PAÍS]

Seamos sinceros ¿qué te responden en el video-club cuando preguntas por una película en concreto, que ya no es ni de reestreno, pero por la que uno siente un repentino interés en visualizar y que, como los clientes ya no la alquilan masivamente, ha quedado archivada en un desván/almacén? “Está descatalogada” te dicen; generalmente con voz de pito, o con voz nasal, pero siempre con desdén, con desgana o, lo que es peor, con mecánica compasión y mirada de “¡qué cosas mas raras pide la gente…!”
Japón ejecuta a cuatro presos en la horca (1:28 pm)
Publicado por Leiter en : INTERNACIONAL , 1 comentario
Sin llegar a adquirir los niveles de repercusión que desata este intolerable castigo punitivo cuando tiene lugar en países como EEUU o China, no debemos olvidar que en Japón, supuesta nación civilizada, la aplicación de la pena de muerte, ya injustificable de por sí, se produce bajo unas horribles condiciones tanto en la forma (mediante el uso exclusivo de la horca como procedimiento de ejecución) como en su desarrollo (jamás se avisa previamente al condenado). La conformidad con que una buena parte de la población nipona acoge esta siniestra práctica no ha de servir como motivo para justificar su implantación, toda vez que en determinados países no tan políticamente “correctos” como Japón, ciertas prácticas — lapidación, amputación de miembros, flagelaciones públicas… — se exhiben ante la indiferencia de una población que las considera como parte de sus ancestrales tradiciones y son también objeto de repulsa por los mismos que tratan de justificar la pena de muerte atendiendo a las peculiaridades autóctonas de cada nación.
Desde este medio declaro un NO rotundo, firme y claro ante la pena de muerte, sea cual sea la gravedad del delito juzgado y con independencia del mayor o menor grado de desarrollo socioeconómico del país donde haya tenido lugar la comisión de dicho delito. La humanidad tendrá un motivo más para enorgullecerse de sí misma cuando esta execrable práctica sea definitivamente abolida a lo largo y ancho del planeta.
