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“Seamos sinceros ¿para qué necesitamos ADSL a no sé cuántos gigas?” 10 de abril de 2008 (5:24 pm)

Publicado por JGIbañez en : Opiniones , trackback

(Aunque ahora el titular de la noticia es otro, cuando el autor leyó la página en cuestión literalmente era idéntico al de la cabecera de esta entrada)
[Noticia de EL PAÍS]
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Seamos sinceros ¿qué te responden en el video-club cuando preguntas por una película en concreto, que ya no es ni de reestreno, pero por la que uno siente un repentino interés en visualizar y que, como los clientes ya no la alquilan masivamente, ha quedado archivada en un desván/almacén? “Está descatalogada” te dicen; generalmente con voz de pito, o con voz nasal, pero siempre con desdén, con desgana o, lo que es peor, con mecánica compasión y mirada de “¡qué cosas mas raras pide la gente…!”

Seamos sinceros. Descatalogado. Se hable de un libro, de un álbum de música, o de un DVD. Descatalogado. Esa es la palabra mágica de nuestros días, que suena muy neutra, y que “te manda al carajo” -con perdón- cada vez que uno tiene la “rara” necesidad de acudir a una obra a la que, curiosamente, las enciclopedias a veces suelen catalogar de inmortal.

Seamos sinceros, señora González-Sinde, no se extrañen ustedes de que los espectadores hayamos ido abandonado paulatinamente las salas. La mayoría de los cineastas de hoy en día hacen un cine tan mediocre -por regla general- que en la actualidad no es extraño que algunos prefiramos acudir a los clásicos. Es casi lo único que nos queda.

Pero no sólo sucede con los clásicos. Seamos sinceros. La anécdota del “descatalogado” la presencié en directo, en un video-club, cuando unos clientes pretendían alquilar una de las películas de la trilogía del personaje Bourne, la que inició la saga, “The Bourne identity” de Doug Liman; lo cual, si se piensa un poco, no se trataba de ningún disparate: el hecho de querer revisionar la primera de las tres entregas (cuando uno acaba de ver la última) es bastante lógico, teniendo en cuenta que los tres guiones tienen un argumento suficientemente enrevesado y laberíntico.

Pues bien… el gozo en un pozo. Descatalogado.

Seamos sinceros: existe la tecnología suficiente, en la actualidad, como para que nadie pueda decir de un producto digitalizable (sobre todo si se trata de una inmortal obra artística, literaria, audio-visual, etc.) que está descatalogado. Para eso, entre otras cosas, sirve el ADSL, señora suya. Y por cierto, el ADSL no soporta gigas por segundo de velocidad. Todavía lo medimos en megas.

Seamos sinceros: yo no defiendo la piratería, yo defiendo poder acceder -aunque sea pagando- a productos artísticos o científicos, literarios, audiuovisuales que la cicatería de unos empresarios me impide poder adquirir -ni siquiera pagando-. Y la solución es simple: que alguien tenga la suficiente vista comercial como para aprovecharse de la cada vez mayor velocidad de descarga de ficheros, y con justiprecio ponga al alcance de los consumidores (de una manera legal a través de I-net) productos que un contable gris, e ignorante, hasta ahora tachaba de descatalogados, según su peculiar criterio de tendero minorista.

Seamos sinceros, la tecnología sirve para muchas cosas, y el avance tecnológico a lo largo de los tiempos nunca ha habido nadie capaz de detenerlo durante temporadas demasiado largas.

Seamos sinceros. Lo que no soluciona nada, sino que empeora las cosas, es ponerle diques al progreso, o cobrarnos un canon -mejor dicho, robarnos un canon- a todos, tengamos o no el hábito de piratear.

Seamos sinceros, según el Parlamento Europeo “La ‘criminalización’ de los consumidores no ayuda a luchar contra la piratería“.

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