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Sarkozy pide seguir con las ratificaciones del Tratado de Lisboa pese al varapalo irlandés 14 de Junio de 2008 (11:01 pm)

Publicado por JGIbañez en : ESPAÑA - Diario ABC , trackback

[Noticia de ABC]

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¡Fuera euro-traidores y fuera euro-escépticos!

Quizá no sea muy procedente, pero al igual que cuando el frustrado proyecto de Constitución europea empezó a ser rechazado (primero por Francia, y a continuación por Holanda, después de que 17 países miembros ya lo hubieran aprobado) opiné que quizá lo adecuado sería recuperar aquella idea de una Europa a dos velocidades; ahora mismo, después de visto el comportamiento de Polonia, una nación que pone por delante de su lealtad a los socios europeos la relación privilegiada que mantiene con EEUU, y comprobado lo desagradecidos que han sido los irlandeses con esa misma Unión que tanto les ha hecho prosperar, continúo opinando que el futuro de Europa como ente supranacional dependerá más de aquellos que sientan realmente ese espíritu de unidad, que de aquellos que la ven nada más que como una mera asociación comercial, y que lo útil sería que los primeros se lo tomaran en serio prescinciendo en todo lo posible de los segundos (Gran Bretaña, por supuesto, incluida entre éstos últimos).

Comentarios»

1. Leiter - 15 de Junio de 2008 (11:19 am)

Me parecen patéticos los editoriales de los principales medios de comunicación españoles cuando vienen a decir, más o menos, que el pueblo irlandés se ha equivocado o, de manera más sutil, que los irlandeses son unos desagradecidos que han olvidado la jugosa cantidad aportada por la UE dentro de los llamados Fondos de Cohesión. Los irlandeses han rechazado de manera democrática no ya sólo un Tratado caduco y manoseado, sino unas formas de actuación que no se corresponden, en absoluto, con la idea original de lo que es la UE. Me parece un verdadero despropósito que una Constitución que fue reciclada en un refrito por los sucesivos rechazos de Francia y Holanda tenga que ser impuesta, de una manera u otra. Hoy en día, muchos países votarían en el mismo sentido que Irlanda, disgustados por unos burócratas europeos que pretenden instaurar lo más insulso del neoliberalismo económico como modelo fundamental, por encima de los principios en que se basa un moderno estado del bienestar social.

Incido en la idea de una refundación de la UE auspiciada por los mismos principios que dieron su origen, tras dos guerras mundiales, en un proyecto social de extraordinarias perspectivas. La incorporación de los países del Este ha sido cuanto menos precipitad y apresurada, no teniéndose en cuenta otros condicionamientos que sí se dieron cuando España suspiraba por entrar en el selecto club. Coincido contigo, Ibáñez, en que el Reino Unido debe replantearse su vinculación con la UE. La no reconversión monetaria al euro no debió ser consentida, una peculiaridad que deja bien a las claras la poca confianza de este país por una Paneuropa. De igual manera que desde aquí hemos afirmado que se debe mostrar la puerta de salida a países que pretendar imponer sus egoístas planteamientos — la antigua Polonia de los “gemelitos” — también deben ser revisadas las actuaciones de otros países que, como Gran Bretaña, atienden a la UE de la mano interesada de los EEUU.

Pero la democracia, cualesquiera que sean sus resultados, ha de ser siempre respetada. No tiene nombre lo que los tecnócratas europeos están intentando hacer con el Tratado de Lisboa. Señores, las cosas se explican y luego se someten a votación. Y si no cuela, se revisan. Pero pretender introducir una normativa sí o sí, es un claro despropósito que no comulga en nada con la esencia democrática que se supone debe presidir la UE. O cambian o Europa será sólo un bello sueño que murió por sobredosis. Las últimas directrices relativas a la inmigración o la ampliación de la jornada laboral suponen un claro retroceso y una prostitución de los ideales bajo los que se auspició la UE. Y creo, sin ningún tipo de duda, que contra ese tipo de iniciativas se ha manifestado el pueblo irlandés y posiblemente el resto de Europa. Actitudes como la de Sarkozy me parecen, francamente, impresentables. Si entre todos no nos tomamos esto en serio, la defunción de la UE será una lamentable y futura realidad.

LEITER
Javier Menéndez

2. JGIbañez - 15 de Junio de 2008 (3:25 pm)

Hay algo, Leiter, que me cuesta mucho comprender: si tanto el rechazo a la Constitución Europea, como a este mini-tratado de Lisboa (que ha venido a parchear el tremendo pinchazo que supuso el parón constitucional) han sido votados en un sentido negativo, tan evidente como dices, por aquellos que defienden una idea de Europa más social y solidaria ¿cómo es posible que en sus respectivos comicios nacionales los mismos ciudadanos hayan votado por mayoría opciones conservadoras que, por definición, muestran una menor sensibilidad social aparente; y sean de ese signo político, conservador, un porcentaje aplastante de los Gobiernos europeos en la actualidad?

¿Cómo es posible que la social-democracia se esté hundiendo de manera tan escandalosa en Alemania?

¿Cómo se explica la tremenda crisis del centro-izquierda en Francia? Con lo que han sido Francia y Alemania en ese aspecto, y lo que han supuesto históricamente…

Algo no encaja en la lectura tan elemental que, por lo visto, “debe” hacerse del rechazo a la idea de Europa que muestran las poblaciones del continente.

La Unidad Europea fue una ensoñación o una quimera desde hace siglos, que se quiso imponer por la fuerza, por parte de Carlomagno, de Carlos V, de Napoleón o de Hitler. Y sólo desde hace 50 años surgió como idea científica a desarrollar de un modo paulatino y cotidiano, casi imperceptible por los ciudadanos (para evitar tensiones nacionalistas).

Visto lo que se está viendo en los últimos años, no tengo más remedio que admitir que la construcción europea debería haber seguido siendo fundamentalmente un trabajo de estudio, de laboratorio; y, por tanto, empiezo a sentir tentaciones de darle la razón a quienes opinan que las grandes decisiones de la Unión deberían dejarse en manos de los líderes nombrados democráticamente en sus respectivas naciones, y refrendadas luego por sus democráticos Parlamentos. Punto.

Y renunciar de una vez a conseguir ese proyecto -ese sueño- europeo, tanto por la fuerza como mediante el sufragio universal populista no suficientemente perfeccionado. El tosco ejemplo de lo que sucede en el horroroso festival de Eurovisión basta para justificar lo que digo.

Quizá hoy en día se echa de menos aquella época en la que grandes líderes, europeístas convencidos, llevaban las riendas de la Unión sin que las opiniones públicas del país de cada cual cuestionaran lo importante de su labor, al menos en lo referente a ese proyecto exterior común. Hoy en día es obvia la ausencia de un liderazgo a la misma altura. Ni Sarkozy es Pompidou, o D’Estaing o Mitterrand; ni Merkel es Brandt, o Smith o Kohl.

Quienes sintamos en profundidad ese espíritu de unión en el continente ¡luchemos por él! y quienes no lo sientan ¡puerta! Así es como pienso a estas alturas. Pero no creo que sea acertado el análisis que consiste en echarle la culpa a las propuestas europeas respecto a la jornada laboral o al tratamiento que debe tener la inmigración, para explicar el desinterés ciudadano por el espíritu europeísta, porque ya vemos (el último ejemplo lo tenemos en Italia) lo que en el fondo realmente piensan los votantes al respecto.

No hay zona en el planeta que nos gane en sensibilidad social, ni siquiera en aquellos países de latinoamérica gobernados por populistas (Chávez), o por totalitarios (Castro, totalitario al fin y cabo por muy de izquierdas que presuma ser); nadie nos gana en tutela o en subvenciones a desprotegidos, ni mucho menos en idearios de tolerancia o de respeto por las diferencias.

Podrá parecer patético destacar lo desagradecida de la actitud de Irlanda, pero lo verdaderamente dramático, lo triste de todo ésto es que la única manera que existiría de mantener esa distinción intelectual, humanitaria y social que nos caracteriza, en un planeta cada vez más globalizado y competitivo, habría sido constituyéndonos en una real potencia geopolítica unida que, sin perder demasiado nuestras esencias, y sólo adecuándolas un poco a los nuevos tiempos, pudiera hablarle de tú a tú a China, a India, a Rusia o a EEUU.

Pero no. Seguiremos siendo una zona geográfica atomizada, compuesta por nostálgicos imperios coloniales en decadencia, y por la autocomplacencia de saber que un día fuimos campeones en justicia social… hasta que… en fin, hasta que pase lo que tenga que pasar con nosotros mañana ¿Quién podrá sostener a machamartillo nuestras conquistas sociales genuinas en el futuro, en un planeta en el que pintaremos menos que un pimiento?

Me gustaría mucho ver a esos nuevos ricos, a la “enriquecida” Irlanda, fuera de la UE, o incluso dentro de una UE que terminará siendo inoperativa, compitiendo, por ejemplo, con el sureste asiático en “igualdad” de condiciones laborales y económicas. Será como para “partirse de risa” :(

Saludos, y perdón por el rollo.

3. Leiter - 15 de Junio de 2008 (11:47 pm)

De rollo nada, hombre. Todo lo contrario…

También es curioso observar como los partidarios del “NO” son los partidos más extremistas, contra la línea del gobierno en cuestión. Recordemos que en el barrio de Salamanca, en Madrid, el NO fue la papeleta más escrutada en aquel referéndum. Todo lo que sea por defenestrar a Zapatero.

Al punto en que te refieres sobre la caída de ciertas opciones progresistas en Europa, puedo afirmar que todo obedece a una crisis de la IZQUIERDA. Estamos dando tanto la vara con que somos de centro que acabamos por perder los ideales. Lo más lamentable del PSOE es que pretenda abandonar el sustrato ideológico de izquierdas que define su nombre corporativo. NO me valen prendas. Yo soy de izquierdas y NUNCA voy a renunciar a eso, pese a que ciertos conglomerados ideológicos traten de amoldar una estúpida idea de liberalismo a ultranza con los postulados más auténticos. Las crisis europeas representan el inequívoco malestar de una ciudadanía tradicionalmente progresista que ha visto secuestrados sus ideales en pos de un mercantilismo ideológico conectado con los peores paradigmas del liberalismo.

Es inviable una UE a dos velocidades porque contradice el concepto fundacional de la Europa Comunitaria. La UE se ha caracterizado por ser vanguardia doctrinal de lo que significa un verdadero Estado del Bienestar. Si nos dejamos llevar por los patéticos cantos de sirena de un pensamiento rupturista basado en las tesis má ultraortodoxas del capitalismo, la consecuencia es que se produce el derrumbe ideológico de una opción más que contrastada, como lo es la Democracia Social. El gran reto del siglo XXI es promover una renovación conceptual de lo que significa ser progresista y, por lo tanto, sentirse de izquierdas. Los ejemplos de Europa, donde las crisis de los tradicionales partidos de izquierda están a la orden del día, obedecen a una calamitosa absorción ideológica de los más tristes fundamentos del llamado neoconservadurismo. La izquierda padece una tremenda erosión endogámica que arrastra desde la caída del Muro de Berlin. Pero lo que fallan, en muchas ocasiones, son las personas por encima de los planteamientos.

Una conocida frase de esa magistral película llamada CASABLANCA afirma, más o menos, que “Si dejas de respirar, te mueres. Si dejas que el fascismo crezca, estás acabado”. Pues eso mismo. Si Europa padece una corriente neocon, legitimada en los mismos procesos democráticos que nos aborchonarían de darse en otros países, léase Cuba o Venezuela, es por la inoperancia de aquellos que, bajo un temeroso concepto de “adaptación conservadora” intentan desterrar el logos primordial de lo que se supone son las esencias más ortodoxas del progresismo. Vale que si todos arrimamos el hombro hacia tesis decididamente “correctas” es por amalgamar una pretendida fusión de los valores más tangenciales de la expresión política. Pero luego no nos quejemos de que elementos como Sarkozy, Berlusconi o doña Espe tengan su valiosa representación democrática en pos de una adulteración de los principios fundamentales que definen un cacareado Estado de Derecho. No, señor. O se es o no se es. La inmundicia brota por sí sola. Sólo basta con que señalemos el camino en función de una visión política que santifica los peores usos de la llamada “estabilidad”.

Europa es un fracaso desde que cieros pendejos han utilizado su marasmo institucional para vendernos la idea de que todo aquello que sirve a sus sectarios intereses es un inestimable acuerdo en vías del progreso. ¡ UNA MIERDA ! Dejemos que nos sigan adoctrinando individuos como Sarkozy o Berlusconi y sabremos lo que es una Europa que sonríe ante los desvaríos conceptuales de una población que está hasta el bendito pellejo de que no la hagan ni puñetero caso. O, como bien se desprende, de una población que se agilipolla cada día más por la torticera influencia mediática de los que se dicen ser garantes del orden institucional. VIVA IRLANDA, VIVA LA EXPRESIÓN DEMOCRÁTICA. Abajo los espúreos manejos de filofascistas que intentan apoderarse de una institución que supuso el mejor sueño de la humanidad tras dos guerras mundiales que pretendieron finiquitar el absolutismo ideológico. El PROGRESO significa caminar hacia adelante. Nunca lo olvidemos.

LEITER
Javier Menéndez


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