El Ejecutivo admite su insatisfacción en la lucha contra el maltrato 11 de julio de 2008 (8:10 pm)
Publicado por JGIbañez en : ESPAÑA - Diario EL PAIS , trackback
Pues si esa insatisfacción va a significar que se aprueben nuevas medidas basadas en la discriminación positiva ¡estamos listos! Es comprensible, muy comprensible, que el gravísimo problema de los malos tratos intente abordarlo el Ejecutivo desde varios frentes, incluyendo darle una mayor importancia legislativa a la agresión del hombre sobre la mujer -puesto que la tiene y está claro que es más frecuente-, obviando el hecho de que todo ésto pueda conducir a abusos en el tipo de agresión contraria, la de la mujer al hombre, camuflándola…
Nada que objetar. La desproporcionada incidencia del problema, en una dirección muchísimo más que en la otra, justifica el sacrificio. Hasta aquí, de acuerdo. Pero si las medidas discriminatorias no se han demostrado todo lo eficaces que se pretendía, sin derogarlas -no es lo que yo sugiero- habrá que pensar en otro tipo de soluciones complementarias, que no vengan a seguir profundizando en la línea de socavar los derechos de un sexo para proteger los del otro. Sospecho, y mucho me temo, que esa puede ser la intención de algún/a legislador/a, o de alguna iniciativa del Presidente o de la Vicepresidente del Gobierno.
Y la cuestión empezaría ya a ser bastante impopular, por no decir injusta. No hay que olvidar que en la violencia física de una persona contra otra se puede prescindir perfectamente de la fuerza bruta ¿envenenamientos? y que también se puede ser muy cruel incluso renunciando a las lesiones físicas, recurriendo simplemente a las psíquicas.
Los delitos y los crímenes que se cometen en el ámbito de la vida íntima de los ciudadanos por supuesto que deben ser perseguidos implacablemente y sin ninguna tregua, dado que su comisión resulta especialmente hiriente y dolorosa para toda la sociedad. Las víctimas por violencia machista que han saltado a las noticias en las últimas horas (en Tarragona, en Pamplona, en Murcia) vienen a recordarnos lo espantoso del fenómeno. Y vienen a poner de manifiesto lo poco disuasorio que a veces resulta esgrimir un tipo de castigo penal específico e intensificado (que considero que debe continuar siéndolo, sí… pero, por favor, que no se dimensione hasta el infinito), puesto que tales actos responden generalmente a reacciones pasionales en las que la racionalidad disminuye (como en el caso de Yecla, donde el agresor se terminó suicidando).
No se puede poner un policia detrás de cada pareja, ni en el interior de todos los hogares, teniendo además como sospechoso autómatico y sistemático al varón. Hay que incidir en la educación y en la cultura, tanto de los posibles futuros implicados como de los que les rodean, vecinos, testigos, etc.
Hay estudios que demuestran cómo los malos tratos se producen en todos los escalafones sociales, económicos e intelectuales; pero seguro que a una mujer con una formación media, a una que esté en plena sintonía con los tiempos que vive, le cuesta muchísimo menos trabajo comprender lo importante que es el hecho de denunciar cualquier agresión o amenaza que reciba; y conocer qué instituciones y programas están previstos para su protección, y acudir a ellos si es necesario.
El machismo no solamente lo practican los hombres, sino que es un fenómeno ancestral inculcado y favorecido tanto por hombres como por mujeres, generación tras generación. También existe el paradójico machismo femenino, del que se habla muy poco, y del cual creen saber aprovecharse muy bien -si saben utilizar convenientemente sus propias armas- algunas de las personas que pertenecen al peyorativamente llamado sexo débil. Ni todos los hombres sin excepción somos unos demonios, ni todas las mujeres arcángeles. En conjunto todos somos ni más ni menos que eso, personas, bichitos humanos; todos con debilidades, todos con capacidad de heroismo, todos con temores, todos con posibles ideales y todos con torpezas. Menos mitomanía, menos prejuicios, y más cultura realista para todos, por favor.

Comentarios»
Total y absolutamente de acuerdo.
Cuánta inspiración hoy en El Color.
En serio, enhorabuena a los dos, Ibáñez y Javier, y buen finde. Yo voy a tratar de darme un bañito en las cálidas aguas del mediterráneo murciano.
Ángel: Cuando nuestro querido amigo Ibáñez se inspira, que suele ser casi siempre, nos deja, por lo menos a mí, sin otras palabras que signifiquen admiración por la profundidad del comentario.
Desde mi punto de vista, estoy total y absolutamente también de acuerdo con todo el post. El último párrafo es rotundo, sencillo y pone las cosas en su sitio. Sí, señor. Este es un serio problema que hay que abordar con elevadas dosis de realismo.
Un saludo.
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Javier Menéndez
Me vais a terminar abrumando :) no obstante, gracias por vuestros comentarios.
En el asunto éste de los malos tratos supongo que es inevitable dejar entrever el apasionamiento provocado por cierto corporativismo sexual. Por supuesto que uno debe sentirse corporativamente culpable de que exista una mayoría tan aplastante de casos de violencia ejercida por hombres contra mujeres.
Pero cuando ya se cargan tanto las tintas, en un discurso en el que se le recriminan tantas cosas a nuestro género, también surge la reacción de defenderse de modo igualmente corporativo. Es lo que dirían algunas mujeres que leyeran ésto: “¡míralos, cómo se defienden entre ellos!”
“…¡Oiga! ¡ya está bien! suele ser un tipo de hombre muy concreto el que comete la bajeza de agredir a una mujer, no somos ni mucho menos todos los que lo hacemos.
“Quien ejerce violencia contra un ser más indefenso es el prototipo de acomplejado que, con toda probabilidad, sería incapaz de enfrentarse a alguien en igualdad de condiciones. En definitiva: es muy poco hombre.
“Precisamente una parte de nuestras características convencionales, como hombres, es la de que nos parece una auténtica cobardía pegar a una mujer (no digamos ya asesinarla) y eso está marcado en la tradición de quien se considere caballeroso desde hace muchísimo tiempo.
“Con todas las campañas culturales que se llevan a cabo, la sociedad misma está también mucho más concienciada a la hora de despreciar ese comportamiento, y las denuncias proliferan. Si, a pesar de todo, las agresiones no dejan de aumentar, entonces lo que habrá es que generalizar menos, y aislar concienzudamente los perfiles más comunes del agresor.”
Saludos a ambos, Laiter y Ángel.