Otegi abandonará el liderazgo ‘abertzale’ cuando salga de la cárcel 28 de julio de 2008 (7:18 pm)
Publicado por JGIbañez en : ESPAÑA - Diario EL PAIS , trackbackPues ¿qué quiere que le digamos? es todo un detalle, oiga. Es todo un detalle que se retire y que usted mismo reconozca -de manera implícita- que no es posible civilizar políticamente a quienes tienen conceptos tan salvajes de comportamiento social; y que además se jactan de ello con una obstinación que raya en lo enfermizo. Usted jugó a ser el Jerry Adams de los abertzales, cuando usted sabía perfectamente que ambos conflictos, el irlandés y el vasco son muy, muy, diferentes; así como sus protagonistas y la cultura, y las costumbres, que ambos representan…
También sabía que un sector demasiado amplio de los extremistas, a quien usted lideraba desde una vergonzosa legalidad -por fortuna revisada en su momento-, no dejarían de considerarle a usted mismo un “vendido” al intentar iniciar algún proceso de civilización, por tímido que fuera, en ese movimiento ¿político? del nacionalismo radical…
Cuando al final resulta que esas son las palabras clave en todo ésto: “vendido”, “venderse”.
En una organización, donde el certificado mitológico de pureza nacionalista habrá quien pretendería concederlo, en su día, en función de que se aceptara continuar con la estrategia del coche bomba, frente a los partidarios del tiro en la nuca (más “humanitario”, según ellos), cualquier cosa se puede esperar. Y lo surrealista del asunto es que éstos últimos seguro que serían llamados “vendidos”, en uno u otro instante, por parte de los otros.
A partir de ese autochantaje filosófico radical (quién es el que realmente se “vende” al “sistema” y quién no) y otros similares (quizá menos gruesos pero igual de absurdos) entre los que viven permanentemente ustedes, y entre los que están tan acostumbrados a desenvolverse ¿qué otros matices cabría explorar para tratar de hallar algo civilizatorio en su inexistente propuesta política?
Está usted a punto de pagar una de sus muchas deudas con la sociedad, en medio del sistema que ha demostrado holgadamente su homologación democrática incuestionable. Y el famoso y frustrado proceso de paz al menos sirvió para ello. Precisamente. Váyase a su casa, sí, y reflexione sobre “lo grotesco de las inconsecuencias: la vida”, ande.

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Pues yo creo que es una mala noticia que se retire. Otegui apostó por el proceso de paz, y aunque quizá le faltó valentía, por lo menos demostró estar en el camino correcto. Con su retirada, se pierde un interlocutor válido.
No fue culpa suya que se frustrara el proceso, la culpa la tuvieron los del núcleo duro, con quienes se enfrentó cuando decidieron reanudar la violencia.
Los delitos por los que ese personaje cumple condena son bastante claros y significativos. En cualquier democracia occidental estaría purgando la misma pena, si no mayor. Puede que la única manera de liderar a los extremistas, en un más que dudoso camino hacia lo civilizado, haya sido hablar en principio el mismo lenguaje que ellos y usar sus mismos gestos. Puede que sí. Pero cuando la cosa falla, y resulta que falló, el prestidigitador de turno queda muy en evidencia.
Observando, por ejemplo, el clima hipernacionalista rancio y decadente que rodeaba al “viejito homeópata” Radovan Karadzic, durante su bohemio camuflaje, cada vez me parecen más detestables y anacrónicos los planteamientos destinados a exagerar, hasta el límite de lo fanático, el nacionalismo. Cualquier nacionalismo radical en la actualidad. En cualquier zona geográfica.
El futuro y la estabilidad de este planeta hinchado y recalentado, el futuro y la estabilidad de la humanidad misma son asuntos mucho más serios, mucho más elevados y mucho más conmovedores que las cuitas de un montón de nostágicos hipersugestionados con su propio terruño; que son capaces de llegar hasta la locura, hasta el asesinato, no ya por el nacimiento más que improbable de ningún estado nuevo -pongamos- en el Golfo de Vizcaya, sino por la mera defensa paranoica de algo que se antoja simplemente folcklórico y que, en realidad, no corre peligro… o al menos no corre más peligro del que corren, por ejemplo, buena parte de los hielos del Ártico.
Gracias y saludos, Ángel.