Detenido el agresor de Jesús Neira, el profesor que está en coma por defender a una mujer 11 de agosto de 2008 (5:20 pm)
Publicado por JGIbañez en : ESPAÑA - Diario EL PAIS , trackback
Este desgraciado suceso viene a poner de relevancia que el problema de los llamados malos tratos domésticos, en numerosas ocasiones, lo real es que se trata de malos tratos a la humanidad misma. Es pura misantropía. Ese tipo de agresores se sienten con un derecho innato para atacar, no sólo a la persona con la que mantienen un relación sentimental -y a la que consideran de “su” propiedad- sino también a todo aquel que se lo intente impedir, aunque sólo sea recriminándoles verbalmente su conducta o advirtiéndoles de que llamará a la policía. Del mismo modo que existen cursillos de formación para saber aplicar primeros auxilios, alguien con suficiente preparación debería impartir clases a los ciudadanos, desde muy jóvenes, para intentar reconocer a tiempo a alimañas de ese tipo, y no enamorarse con facilidad de -o no asociarse o relacionarse de ningún modo con- ellas…
Ha de ser especialmente duro y ejemplar el castigo que se imponga a ese sujeto que le ha provocado a un ser humano entrar en estado de coma, y todo por el simple motivo de que el agredido, el profesor Neira, actuó de la manera cívica adecuada con la que se debe actuar en estos casos, máxime cuando son presenciados en vivo y en directo. Si al pasotismo habitual, instalado de forma tan común en tantas personas (ese pasotismo de no querer problemas, de no interferir en ninguna situación o escena que se contemple, por injusta e insoportable que pueda parecer, dado que luego lo que sobrevienen “son todo problemas e inconvenientes”), se le une el riesgo por la integridad física que corremos cuando uno está tratando ni más ni menos que de comportarse como buen ciudadano, y de acuerdo a un mínimo concepto de conciencia o de ética… sólo faltaría después que los atenuantes, las circunstancias especiales que concurren, y blá, blá, blá en los alegatos y en la defensa -a la que por supuesto tiene derecho el agresor- pesen muchísimo más, llegado el momento de enjuiciar este asunto, de lo que pesaría el terrible mensaje que le va a llegar a la sociedad, en el caso de que la condena al final sea leve.
Escándalos peores, con sentencias suaves e inesperadas, han habido.
¿Nadie se da cuenta del daño que le está haciendo ahora mismo el coma de ese hombre no sólo a él, sino a la conciencia ciudadana en su conjunto, y a comportamientos futuros que quizá sean más pusilánimes todavía, de lo que lo son en la actualidad, por culpa de ésta fatalidad provocada?

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Pero lo más lamentable de este episodio es la declaración de la compañera sentimental del agresor, quién en un programa televisivo dijo que este individuo “es un bellísima persona que, simplemente, ese día no se había tomado las pastillas”. Con este tipo de actitudes que intentar justificar no ya sólo un maltrato doméstico, sino una agresión que mantiene a un ejemplar ciudadano en coma, se retrocede en ese sentir general de que cualquier maltratador ha de ser socialmente marginado, como ejemplo indeseable de una sociedad que no puede ni debe nunca permitir esos incalificables modos. Qué triste y patético resulta el contemplar opiniones como la de esa mujer, que no dejan de sugerir la propia culpabilidad y justificación de una agresión. Esos son los “valores” de una educación basada en el papel meramente reproductor y sumiso de la mujer. Y esto no es el Islam, que quede muy claro.
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Javier Menéndez
Luego, casi se reproduce aquí la clásica leyenda urbana en la que se describe cómo cuando alguien intenta evitar la paliza que le está dando un salvaje a “su mascota humana” en plena vía pública, puede ocurrir que al final sean los dos, el hombre y la mujer, el agresor y la agredida, los que terminen atacando a quien se ha “atrevido” a “entrometerse” en sus “asuntos”.
Pues hay que tener mucho cuajo, como para presenciar una agresión de ese tipo y pasar de largo, que es lo que hacen muchos, o quedarse quieto a mirar el “espectáculo” como hacen otros tantos, o limitarse a llamar a la policía… discretamente (para que los supuestos protagonistas de la sesión sado/maso no se den cuenta, y no la emprendan “a hostias” los dos contra uno) y que, durante el lógico tiempo que pasa hasta que las fuerzas de seguridad se presentan, contemplemos cómo la agresión continúa y las lesiones van y van aumentando cada vez más. Sin hacer nada. Mucho cuajo.
Saludos